EN CONSTRUCCIÓN

Martes, 22 abril, 2014 at 7:14 pm

Santa Catalina de Badaya

 

Martirio de Santa Catalina. Fernando Gallego, 1470, El Prado

Martirio de Santa Catalina. Fernando Gallego, 1470, El Prado

 

Juan de Herrera, natural de Canales en la provincia de Burgos, vino con su padre a Vitoria a comprar trigo en 1567. Sabedor de que en convento agustino de Badaya había unas piedras a modo de corazones con flechas y ruedas de Santa Catalina, quiso conocer aquel santuario. Juan quedó admirado de tan agradable lugar, de su soledad, de la mortificación y el modo de vivir de los monjes. Dejó a su padre y pidió el santo hábito. El Prior, viendo en aquél un buen gramático, lo admitió dándole por nombre Fray Agustín. Su padre “como persona que dejaba en él un trozo del corazón” marchó del convento camino de Vitoria para no verlo más.. Fray Agustín profesó en el convento, estudió Artes y Teología, se ordenó en todas las órdenes, ocupó púlpitos y leyó teología en Valladolid. A los cincuenta años sintió la llamada misionera y se fue al Japón a convertir paganos. Cuando osó convertir al hijo del Gobernador, le maniataron a un poste sesenta días con otro fraile y el hijo del Gobernador, les azotaron los cuatro japoneses más fuertes, les arrancaron las entrañas y fueron quemados en la plaza aún vivo “á seis del mes de enero”.

Pero bueno, toda esta curiosa historia es verídica, relatada por su amigo el Padre Fray Juan de Sevilla, recogida por Fidel Fita y publicada en el Boletín de la Real Academia de la Historia.

http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=25771&portal=33

No fue el único misionero que salió de este humilde convento. Martín Fernández de Gamarra y Díaz de Zárate, nacido en Ciriano el 13 de Diciembre de 1672, fue religioso agustino. En 1693 profesó en el convento de Santa Catalina de Badaya. Pasó a las islas Filipinas en la numerosa barcada misionera de 1712. Se dedicó a evangelizar en diversos pueblos tagalos y ejerció los cargos de procurador de provincia, calificador de su orden y visitador del Santo Oficio. Falleció en Bay el 18 de Agosto de 1739.

Pero, ¿Qué piedras son esas con forma de corazón atravesado con flechas y la rueda de Santa Catalina, que crecen en otras piedras más grandes? ¿Qué movió a aquel joven a buscarlas? Juan, luego fray Agustín, amaba la naturaleza, era inteligente, buscaba la sabiduría y por eso era devoto de Santa Catalina, patrona de la filosofía. En el siglo XVI la naturaleza de los fósiles era inexplicable, los huesos que eventualmente aparecían eran huesos de gigantes, otros, por su forma o naturaleza podían interpretarse como señales divinas que podían servir para indicar algo o tener una función apotropaica. La radiada esfericidad de la piedra y su perfecta hechura llamaban la atención de las gentes que le atribuían una función. En este caso el lugar donde aparecían aquellas piedras eran presagio de que allí se había de edificar un monasterio, como así había sucedido “en el año de Cristo de 1472”.

Y nuestra piedra no es otra que un micráster un fósil muy bonito y muy abundante en la Llanada, un equinoideo del Cretácico superior, al que se le llama también Piedra de Santa Catalina. ¿Habrá relación alguna entre la advocación a Santa Catalina en lugares donde son abundantes los micráster?

Piedra de Santa Catalina

Piedra de Santa Catalina

En otros lugares este micráster es denominado Piedra del Rayo pues en su proceso de fosilización se han convertido en pedernal y sacan chispas al percutirlas, lo que las vinculaba con el fuego, con todo lo que eso supone.

Las piedras del cuadro de Fernando Gallego (1470) que ilustra esta entrada son erizos fósiles.

Un entretenido blog sobre el tema es FOLKLORE DE LOS FÓSILES IBÉRICOS, que es de donde sale la foto que ilustra este artículo.

Viernes, 30 marzo, 2012 at 11:33 am


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